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Estudio de hebreos

Hebreos   (los que van pasando o los que cruzan el rio)

LA NECESIDAD DE LA PERFECCIÓN

PARA ESTUDIO: Hebreos 5:11 – 6:1-20.
LECTURA DEVOCIONAL: Hebreos 6.
TEXTO PARA MEMORIZAR: Hebreos 6:1.

PROPÓSITO

Concientizar a los hermanos acerca de la importancia de mantenerse firme en la fe en Cristo y cuidarse de no caer en pecado.

INTRODUCCIÓN

     En esta lección, el escritor desea exponer con más detalles la naturaleza bíblica del orden sacerdotal de Melquisedec, pero no está seguro, si los lectores tienen la suficiente madurez espiritual para entender este tema difícil.  Esta es la segunda ocasión en que se aparta del tema que trae para atenderles en sus necesidades espirituales del momento y especialmente advertirles del peligro espiritual en que se encuentran.

     El escritor nos da una buena lección a nosotros de que no debemos perder de vista la situación actual de los oyentes y lectores.  Es posible que el tema que estamos presentando sea el más adecuado bíblico y teológicamente doctrinal de la iglesia; pero las condiciones espirituales, morales y éticas de los miembros estén tan malas que no van a entender o no van a querer entender el tema.

     Es tarea del maestro de Escuela Dominical considerar el ambiente en que desarrolla su lección y buscar la manera cómo animar a que podamos sacarle el mayor provecho.

     En este pasaje de estudio, encontramos exhortaciones, reproches, advertencias y estímulos para los lectores de la carta.  Esperamos que estos nos puedan servir a nosotros para buscar y lograr la madurez espiritual.


DESARROLLO DE LA LECCIÓN

A.  LA TORPEZA DE LOS INMADUROS (Hebreos 5:11-14)

     “Acerca de esto (el sacerdocio de Cristo) tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír” (vs. 11).  El autor de hebreos desea hablarles acerca de Melquisedec, como personaje clave para comprender mejor el sumo sacerdocio de Cristo, pero se ve en la dificultad de que estos cristianos son “tardos para oír”.  Este texto es bueno verlo en otros versículos de traducciones de la Biblia.  Por ejemplo, en la versión antigua dice: “sois flacos para oír”; la versión popular dice: “ustedes son lentos para entender”; la versión internacional dice: “a ustedes lo que les entra por un oído les sale por el otro”; la paráfrasis de la Biblia al día dice: “Pero sé que, como no quieren entender”;

     Este es un llamamiento muy fuerte.  Es posible que los hermanos cristianos hebreos estaban pasando por una situación difícil.  En el griego esta palabra “tardos para oír” da la idea de “embotados”, “difíciles de mover” .

  Estos hermanos al principio eran muy buenos espiritualmente: estudiosos, lectores y muy cuidadosos de su vida espiritual.  Ahora hasta da la idea que se han descuidado de su conducta moral y tienen un espíritu legalista y contencioso. 

Aunque algunos calificativos son pesados para nosotros, no se puede expresar de otra forma en que ellos se habían convertido en unos torpes en su conducta y en la forma necia de considerar la vida espiritual.

     Es muy diferente tratar con los creyentes recién convertidos.  Ellos tienen deseo de aprender y de poner en práctica lo que se les enseña.  A veces cometen errores, pero lo hacen por ignorancia y por falta de madurez.  Por eso se les tiene que enseñar como a los niños.  Pero los adultos en la fe que se comportan como niños, cuesta enseñarles.  No aceptan correcciones, y, además, se niegan a entender y a poner en práctica lo que se les enseña.

     El escritor avergüenza a sus oyentes por que les dice: “Debiendo ser ya maestros después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuales son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales, que tenéis necesidad de leche y no de alimento sólido” (vs. 12).  Probablemente, muchos de ellos ocupaban puestos de maestros, pero no estaban capacitados para serlo (I Timoteo 1:5-7).  Otros, sin duda, estaban asumiendo algún liderazgo, para el cual tampoco estaban capacitados para ejercerlo.

  Necesitaban fundamentarse fuertemente en las verdades de la fe cristiana.  Para eso necesitaban un curso del ABC del evangelio, o sea, “los primeros rudimentos de la Palabra de Dios”.

     En los versículos 13 a 14 se hace un contraste entre la infancia y la madurez.  El que es niño y depende de la leche es naturalmente inexperto en la palabra de Justicia (vs. 13); ellos deben ser alumnos, no maestros.  A ellos se les debe guiar y no ponerles a que guíen a otros.  No se les pueden dar responsabilidades en donde es necesaria la experiencia.  Los deportistas usan una palabra que nos ilustra mejor.  Ellos dicen que se debe tener “cancheo”, lo que indica que se debe tener experiencia en la cancha.

     En nuestras iglesias, los puestos claves, los deben ocupar hermanos que tengan mucha experiencia en la vida cristiana.  Los hermanos recién convertidos deben ser enseñados para que ellos también aprendan de los que tienen mayor experiencia, pero ellos sólo deben ocupar puestos de menor responsabilidad.

     El alimento sólido es para los que han alcanzado madurez (vs. 14a).  ¿Qué será este alimento sólido?  Se refiere al tema que les está enseñando al conocimiento de la “perspectiva cristológica en el Antiguo Testamento” .  Esta enseñanza no está por encima como la manteca, hay que escudriñarla.  Esto sólo lo pueden hacer los cristianos maduros.  Lo hacen porque, “porque tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (vs. 14).  Aquí vemos dos palabras claves:

     “EL USO”.  Es el hábito que han adquirido por el constante ejercicio de los sentidos, en la reflexión y práctica de la Palabra de Dios. “El uso” y “los sentidos ejercitados”.

     “LOS SENTIDOS EJERCITADOS”.  Se refiere a todo lo que han percibido por medio de los sentidos.  Por eso es importante que los hermanos escuchen, mediten, que lean y memoricen la Palabra de Dios.  Además, todo lo que se percibe por los sentidos se debe llevar a la práctica.  Los cristianos más experimentados comprenden enseñanzas más profundas de la Biblia.  En cambio, los hermanos recién convertidos necesitan instruirse más en la Palabra.  Por eso es bueno que las clases estén divididas: Una clase para los adultos en la fe y otra para los recién convertidos.

     “Adultos en la fe” no se refiere al tiempo transcurrido después de su conversión.  Se refiere a la madurez espiritual que han alcanzado a través del estudio de la Palabra de Dios.

     La capacidad de discernimiento entre el bien y al mal es señal de madurez (vs. 14).  El mal mencionado en este versículo se refiere al desconocimiento de la verdad; es decir, el concepto equivocado que tenían en cuanto a Cristo y las Escrituras.  El bien y al mal puede ser de carácter ético y doctrinal.  El aspecto doctrinal tiene relación con el aspecto moral.  Si una persona tiene buena doctrina y la practica, tendrá buen testimonio, o sea, buenos principios éticos.  Pero si una persona cree que es salvo viviendo desordenadamente, cometerá muchos pecados sin que la conciencia le reprenda.  En este sentido, la doctrina afecta la vida práctica.  En esta sección nos deben quedar claro dos cosas:

1.  La perfección cristiana puede definirse como el clímax de la madurez que lo podemos alcanzar en una entera santificación.

2.  Los hermanos que han alcanzado la madurez saben distinguir perfectamente entre el bien y el mal.

     La palabra “por uso” implica que la madurez es un logro gradual por medio de la práctica de la Palabra de Dios.  La práctica forma un hábito que es una condición natural del cuerpo y de la mente en hacer el bien.  Esto significa que los maduros son aquellos que por su avanzado ejercicio espiritual, tienen plenamente capacitado sus facultades espirituales.  Aquí vale la pena que nos veamos a nosotros mismos, en nuestra disciplina espiritual, no tanto en nuestro conocimiento mental.  Veamos si hemos alcanzado la madurez cristiana.  No es la cantidad de lo que leemos en la Biblia lo que nos perfecciona, sino la cantidad que practicamos.  ¿Oramos y servimos a nuestros Señor?  ¿Somos lo suficiente fuertes para no ser influenciado por falsas doctrinas?  ¿Resistimos cuando vienen sufrimientos?  ¿Permanecemos firmes cuando vienen problemas, o abandonamos la iglesia?


B.  INVITACIÓN A LA PERFECCIÓN CRISTIANA (Hebreos 6:1-3)

     Después de haberles reprochado por su inmadurez espiritual, ahora viene a la exhortación.  “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección” (vs. 1).  La exhortación es a corregir de inmediato su deficiencia espiritual.

     Este texto, en la paráfrasis bíblica dice: “Basta ya de repetir siempre lo mismo, de enseñar apenas lo más elemental del cristianismo.  Sigamos adelante a otras cosas y, como cristianos sólidos, maduremos en nuestro entendimiento de las cosas de Dios.  Ya hemos hablado bastante de lo inútil que es tratar de alcanzar la salvación por medio de las buenas obras, y de la necesidad de tener fe en Dios; ya sabemos todo lo que teníamos que saber sobre el bautismo, los dones espirituales, la resurrección de los muertos, y el juicio eterno.  Si Dios lo permite enfocaremos otros asuntos” (La Biblia al día, Paráfrasis.  Hebreos 6:1-3).  Esta paráfrasis nos ayuda a comprender las razones de la falta de crecimiento espiritual en los hermanos hebreos cristianos.  Se habían quedado sólo con la enseñanza elemental, igual que muchos hermanos que sólo saben de perdón y de arrepentimiento de los pecados, que con conocimiento muy limitado se arrepintieron.  Por ejemplo: borracheras, adulterio, fornicación, ídolos, y nadas más.  Lo peor de todo es que con ese esquema muy limitado asumen algún liderazgo muy legalista.

     El asunto es el marcado ritualismo en la iglesia.  El autor sólo menciona unos pocos ejemplos: el bautismo, la imposición de manos; pero nosotros en la práctica tenemos muchas ceremonias y ritualismos que les damos más importancia, y olvidamos lo que realmente merece importancia.  Esto es el sistema que constituye el total del evangelio en muchas iglesias de hoy.  El resultado ha sido que muchos cristianos jamás llegan a alcanzar niveles altos de espiritualidad.  Siempre permanecen en un nivel bajo.

     Los cristianos hebreos no estaban capacitados para alcanzar una etapa más avanzada de espiritualidad.  Por lo mismo, necesitaban hacer las primeras obras.  Lo más grave es que si este alejamiento espiritual, ha llegado a ser apostasía, entonces la situación para ellos es repudiable, y están descalificados espiritualmente.


C.  ESTE NO ES UN LLAMAMIENTO PARA LOS APÓSTATAS (Hebreos 6:4-8)

     Esta situación que presenta el escritor, es hipotética (suposición), pero que puede ser o llegar a ser la situación real de los hermanos hebreos cristianos o de cualquier otro grupo que sigue a Cristo.  “Es imposible que los que una vez fueron iluminados, gustaron del don celestial fueron hechos partícipes del Espíritu Santo... y recayeron...” (vss. 4-6).  “Recayeron en el griego es una sola palabra (“parapesontas”) que se traduce “habiendo caído afuera”.  Significa que los cristianos que han recaído no pueden ser renovados.  Pero esta clase de recaída es más que reincidencia de un cristiano débil que ha sido atacado por Satanás.  Se refiere a una persona que persiste en su pecado en forma consciente.  La palabra en mención es muy importante verla en el griego original.  Cuando encontramos la palabra caer (pipto) en griego, significa una caída postrada de la cosa o persona misma.  Esto es común en el Nuevo Testamento.  Pero la palabra “recaer” en el griego (para) sólo se encuentra en este pasaje de Hebreos 6:6, de todo el Nuevo Testamento.  Significa caer fuera.  No se trata de un simple tropiezo en la vida cristiana, sino de un alejamiento total de Cristo.  La palabra caer como aquí se usa sólo puede referirse a un deliberado rechazo a Jesucristo.  En este caso es imposible que sean otra vez renovados para arrepentimiento (vss. 4-6).  Esto significa que se han alejado tanto a tal grado que es imposible moverlos al arrepentimiento.  En este caso, a estas personas, ya no vale la pena hablarles de la perfección, porque de todos modos rechazan deliberadamente.  La imposibilidad de renovar el arrepentimiento reside no sólo en la naturaleza desafiante y deliberada hacia Cristo, sino en la culpa de su vergüenza que les ha traído su apostasía.  Con este comportamiento crucifican constantemente al Hijo de Dios y lo exponen a vituperios (vs. 6).

     Estas personas han creado una nueva cruz para una crucifixión más.  Por supuesto, en esta forma de crucificar, ya no participan gentes con griterías, pero sí disfrutan en burlarse de Cristo ante otros.  Muchos profesores, con amabilidad, usan los clavos de la dialéctica en el aula para crucificar nuevamente a Cristo.  (Dialéctica es el arte de razonar metódicamente).

     El escritor a los Hebreos ilustra esta situación en los versículos 7 y 8:  Cuando la tierra responde a la lluvia del cielo y al trabajo del labrador produciendo la esperada cosecha, recibe bendición de Dios (vs. 7).  Pero si no produce más que espinos y abrojos, es reprobada, y está próximo a ser maldecida, y su fin es ser quemada (vs. 8).

     Este es un triste fin, porque la analogía se aplica plenamente a las almas de muchos que han caído a un estado de incredulidad conocida como apostasía.


D.  LOS HEBREOS AÚN ESTÁN A TIEMPO (Hebreos 6:9-15)

     “Pero en cuanto a vosotros oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores” (vs.9).  Menos mal que el escritor está convencido de que los cristianos hebreos no han apostatado en la forma descrita anteriormente (vss. 4-8).  Todavía están a tiempo de apresurarse a la perfección.  Por lo tanto “aunque hablamos así” (vs. 9), solamente es una advertencia con esperanzas.

     Esa misma esperanza de los cristianos hebreos, también es para nuestra iglesia.  “Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre” (vs. 10).

     Exteriormente su fidelidad es intachable, y ellos deben estar seguros que Dios esta tomando en cuenta todo eso y por lo tanto todavía no los ha rechazado.

1.  El ejemplo de Abraham (6:13-15).  Este ejemplo se hace con tres propósitos.

a.  Reafirmar la idea de un Dios único que juró por sí mismo, no habiendo otro mayor que Él (vs. 13).
b.  Reafirmar las promesas de Dios a Abraham (Génesis 22:16-18).  De hecho hace referencia al Mesías prometido.
c.  Enseñar la forma en que Abraham alcanzó las promesas: con fe y paciencia (vs. 15).  “La paciente esperada fue la obediencia de Abraham al ofrecer a Isaac.  En esto enfrentó la prueba suprema de su invariable lealtad a Dios” (Beacon).


E.  LAS PROMESAS DE DIOS NO CAMBIAN (Hebreos 6:16-20)

     Esta porción contiene incentivos para animar a los hebreos cristianos y para animarnos a nosotros también.  Las promesas, además de ser válidas hoy en día, también están respaldadas por el juramento que Dios hizo por sí mismo.

1.  El juramento de Dios (vss. 16-17).  Es una solemne afirmación, donde Dios está mostrando la inviolabilidad de su propósito. “Él anduvo la segunda milla, por decirlo así, para probar la sinceridad de sus intenciones” (Beacon).

2.  Nuestra esperanza (vss. 18-20).  El propósito de Dios era que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fuerte consuelo (vs. 18): a)  La integridad de la propia Palabra de Dios.  b)  La obligación legal impuesta por el juramento.

     Por medio de Cristo hemos captado de nuevo la esperanza de Israel, la cual es la segura y firme ancla del alma.

     El contenido de la esperanza judía no estaba en un paraíso terrenal con la dominación política del mundo, como erróneamente se la imaginaban.  Esta esperanza verdaderamente bíblica está en morar en la presencia de Dios.  Por eso es que penetra hasta dentro del velo (vs. 19; Levítico 16:2).  Una esperanza que llega tan lejos y entra en la misma certidumbre de la presencia detrás del velo.  En este lugar santo Jesucristo entró por nosotros como precursor, hecho Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec (vs. 20).  En este caso Jesús es precursor, no sustituto, porque nosotros también hemos de entrar.

     De esta manera el escritor ha retomado el tema indicando que continuará.  Para los judíos este argumento es de gran valor, porque les deja claro lo que significa para ellos la persona de Jesucristo

 

 

Hebreos 6

Un Estudio Bíblico por Jack Kelley

Es imposible que renueven su arrepentimiento aquellos que han sido una vez iluminados, que han saboreado el don celestial, que han tenido parte en el Espíritu Santo y que han experimentado la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero, y después de todo esto se han apartado. Es imposible, porque así vuelven a crucificar, para su propio mal, al Hijo de Dios, y lo exponen a la vergüenza pública (Hebreos 6:4-6 NVI)

Gracethrufaith.com ha experimentado un crecimiento asombroso desde que inauguramos nuestra sección “Ask a Bible Teacher” (Pregúntele al Profesor de Biblia) hace 2-1/2 años. Además, muchos otros sitios Web incluyen ahora nuestros artículos semanales como parte de su oferta regular a sus lectores. Muchos de ustedes llegaron a nosotros procedentes de uno de esos sitios.

Como resultado, continuamente tenemos nuevos lectores que tienen preguntas similares a algunas que han preguntado previamente las personas que han estado con nosotros por más tiempo. Un ejemplo importante de ello es la cantidad de preguntas que he recibido recientemente sobre Hebreos 6:4-6.

Empecemos Por El Principio

Empecemos por revisar lo que es básico de nuestra relación con el Señor. ¿Qué se necesita para ser salvos? Yo creo que la mejor respuesta a esa pregunta es la que el Señor expresó en Juan 6:28-29.

“Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado”.

Esta era una oportunidad perfecta para enumerar todas las cosas que tenemos que hacer para cumplir con los requisitos de Dios. Jesús pudo haber repetido los Diez Mandamientos. Pudo haber repetido el Sermón del Monte. Pudo haber enumerado cualquier cantidad de advertencias y restricciones necesarias para lograr y mantener las expectativas de Dios hacia nosotros. ¿Pero qué fue lo que Él dijo? “Crean en el que Él ha enviado”. Punto. Esa era una repetición de Juan 3:16, la cual confirma que el creer en el Hijo es el solo y único requisito para la salvación.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Esta frase no contiene nada para que pueda ser malinterpretada. Estas son dos de las declaraciones más claras de la Biblia sobre la salvación.

Unos capítulos después, Él dijo que Su Padre estaba en completo acuerdo. Y no solamente nuestra creencia era suficiente para darnos la vida eterna, sino que es la voluntad de Dios que Jesús no pierda a ninguno de nosotros que han creído. Usted y yo somos conocidos por desobedecer la voluntad de Dios, ¿pero Jesús lo hizo alguna vez? ¿Y no es Él a quien se le ha responsabilizado por guardarnos? Leámoslo.

“Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:38-40).

Y en caso de que no nos hemos fijamos en esta promesa, Jesús la volvió a hacer, y con más claridad, en Juan 10:28-30. “Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos”. Tanto el Padre como el Hijo han aceptado la responsabilidad de nuestra seguridad. Una vez que estamos en Sus manos, nadie nos puede quitar de allí.

Yo he utilizado a propósito las palabras que el mismo Señor pronunció para establecer este asunto, porque ya puedo escuchar el coro de “Si, pero” que arman todas aquellas personas que rehúsan tomarlas literalmente para lanzar sus versículos favoritos que niegan la Seguridad Eterna, aunque las estén malinterpretando, como es el caso.

Una característica de Dios que nos da el mayor consuelo es saber que Él no puede mentir ni cambiar de manera de pensar, como tampoco contradecirse a Sí mismo. Él no puede decir algo en un lugar y luego decir algo enteramente diferente en otro. Él es consistente. Si Él dice que somos salvos solamente porque creemos en Él, y que Él ha aceptado la responsabilidad de mantenernos así, es que podemos confiar en ello. Como lo veremos, cualquier cosa en la Biblia que pareciera contradecir estas declaraciones simples y claras, tiene que estar hablando de alguna otra cosa.

Pero primero, puesto que Él le ha dado tanto énfasis a que creamos, miremos esa palabra más de cerca. ¿Qué quiere Él decir con “creer”? La palabra griega para creer es pístis. Según la Concordancia Strong, es una “convicción o credibilidad con respecto a la relación del hombre con Dios y las cosas divinas, generalmente con la idea incluida de confianza y fervor santo nacidos de la fe y unidos con esta”. En relación con el Señor Jesús significa, “una convicción fuerte y bienvenida, o creencia, que Jesús es el Mesías, por medio del cual obtenemos la salvación eterna en el reino de Dios”.

El Apóstol Pablo nos dio un vistazo muy valioso sobre la naturaleza de esta creencia. Él escribió, “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:9-10).

La creencia de la que Pablo hablaba no es solamente un asunto del intelecto, o alguna pasión emotiva del momento. Es una convicción que se forma muy dentro de nuestro corazón; es la realización de que Jesús no es solamente un hombre. Él es nuestro Señor, y Él llevó consigo el castigo debido a nosotros por nuestros pecados, el cual es la muerte. Y para demostrar que Dios aceptó Su muerte como suficiente, Él levantó a Jesús de los muertos para que se sentase a la par de Él en los lugares celestiales (Efesios 1:20). Puesto que Dios no puede morar en la presencia del pecado, y puesto que la paga del pecado es la muerte, cada uno de nuestros pecados tenía que ser pagado. Si aun solamente uno de ellos hubiera permanecido sin pagarse, Jesús aun estaría en la tumba. Así que tenemos que creer que Jesús se levantó de los muertos para creer que nosotros también lo haremos.

Es la clase de creencia que lo salva a uno y lo mantiene de esa manera, porque pone en movimiento una cadena de eventos que son irreversibles. En esta cadena hay cuatro eslabones. Usted pone dos y el señor pone los otros dos. Usted escucha y cree, y el Señor marca y garantiza.

Gracias a Cristo, también ustedes que oyeron el mensaje de la verdad, la buena noticia de su salvación, y abrazaron la fe, fueron sellados como propiedad de Dios con el Espíritu Santo que él había prometido. Este Espíritu es el anticipo que nos garantiza la herencia que Dios nos ha de dar, cuando haya completado nuestra liberación y haya hecho de nosotros el pueblo de su posesión, para que todos alabemos su glorioso poder (Efesios 1:13-14 Dios Habla Hoy).

La palabra “anticipo” es un término legal que describe un pago inicial que constituye una obligación legal que debe de cumplirse con la compra. Si usted alguna vez ha adquirido una propiedad, entonces está familiarizado con el término “Prima Inicial” de depósito. Es lo mismo. Si usted no está familiarizado con ese término, aquí hay otro ejemplo. Es como si hubiéramos sido “apartados”. El precio ha sido pagado y hemos sido quitados del mostrador hasta que la persona que nos ha comprado regrese para llevarnos consigo. Mientras tanto no podemos ser comprados por nadie más porque, legalmente, le pertenecemos a la persona que pagó el anticipo de primero. “Ustedes no son sus propios dueños”, se nos dice. “fueron comprados por un precio”" (1 Corintios 6:19-20 NVI). Eso quiere decir que no podemos ser “des-comprados” ni aun por nosotros mismos.

Todo esto sucedió en el primer momento en que creímos, antes podíamos hacer cualquier cosa ya fuera para ganar o para perder nuestra posición. El hombre en la cruz a la par de Jesús es el prototipo de esta transacción. Habiendo hecho algo lo suficientemente malo como para ser ejecutado, se le prometió un lugar en el Paraíso, solamente porque él creyó en su corazón que Jesús era el Señor de un reino venidero (Lucas 23:42-43). Puesto que Jesús también estaba siendo ejecutado, eso significaba que él creía que Jesús sería levantado de los muertos.

Pablo lo puso aun más claro cuando repitió esta increíble promesa en 2 Corintios 1:21-22 (NVI). “Dios es el que nos mantiene firmes en Cristo, tanto a nosotros como a ustedes. Él nos ungió, nos selló como propiedad suya y puso su Espíritu en nuestro corazón, como garantía de sus promesas”.

Esta vez él removió cualquier duda sobre Quién es el que nos mantiene salvos. Ahora es Dios Quien nos hace a usted y a mí estar firmes en Cristo. Dios ha puesto Su sello en nosotros y Su Espíritu en nosotros, como Su garantía personal. ¿Qué podría ser más claro que esto?

Unión Y Comunión

Si la doctrina de la Seguridad Eterna está tan clara, ¿por qué hay tanto desacuerdo? Yo he encontrado dos razones. La primera es sobre la naturaleza doble de nuestra relación con el Señor. Una parte se llama Unión, la cual es eterna e incondicional, y está basada solamente en nuestra creencia. Efesios 1:13-14 describe nuestra Unión con Dios que está sellada y garantizada. Una vez que hemos nacido de nuevo, no podemos “des-nacernos”. Esa unión queda para siempre. El Espíritu Santo está sellado dentro de nosotros desde el momento en que creímos hasta el día de la redención. En ninguna parte se encuentra ni siquiera una insinuación que pueda revocar esta garantía.

La otra parte se llama Comunión la cual es un poquito más complicada. La comunión es ese estado de constante cercanía a Dios la cual le permite a Él bendecirnos en nuestra vida diaria, haciendo que las cosas nos sucedan y protegiéndonos de los ataques del enemigo. Es como si Él hubiera hecho equipo con nosotros para darnos una ventaja sobrenatural. La Comunión se define en 1 Juan 1:8-9 como que es tanto terrenal como condicional a nuestro comportamiento. Aun como creyentes, mientras estemos aquí en la tierra, continuaremos pecando. Y puesto que Dios no puede morar en presencia del pecado, nuestros pecados no confesados interrumpen nuestra relación terrenal con Él y nos pueden privar de las bendiciones que de otra forma podemos estar recibiendo. Aun somos salvos en el sentido eterno, pero estamos fuera de Comunión aquí en la tierra.

Y cuando estamos fuera de Comunión, nos convertimos el blancos legítimos para que el enemigo nos dañe, como le sucedió a Job. El pecado de Job era su auto justificación y debido a que no lo confesaba, Dios le permitió a Satanás afligirlo hasta llevarlo al punto de recobrar su juicio otra vez. Cuando lo hizo, él lo confesó y fue restablecido (Job 42). Dios nunca lo abandonó. Su intención todo el tiempo fue la de traer de vuelta a Job a Él.

Para una ilustración en el Nuevo Testamento, tomemos la Parábola del Hijo Pródigo (Lucas 15:11-32). Aquí vemos un ejemplo muy claro de lo que significa “apartarse”. El hijo pródigo dejó la casa de su padre y se fue por sus propios medios, pero aun así nunca dejó de ser el hijo de su padre. Cuando se dio cuenta de su error se devolvió y fue como si nunca se hubiera ido.

El caso de Job fue real y nosotros sabemos que el Señor estaba dirigiendo todo el asunto, algo que Job no sabía. La historia del Hijo Pródigo es una parábola, pero yo estoy convencido de que el mismo principio se aplica aquí. Cada vez que un “hijo pródigo”, o “hija pródiga”, se va por su cuenta, Dios obra silenciosamente para desbaratar los sentimientos de auto-suficiencia y lo atractivo de la independencia, dándole un codazo al hijo descarriado para que se vuelva al camino. Esta es la forma como los pastores mantienen el rebaño junto, y nuestro Pastor ha prometido que nunca perderá a ninguno de nosotros.

Como el hijo menor, siempre perteneceremos a la familia de nuestro Padre. Pero no recibiremos ninguna de Sus bendiciones mientras permanezcamos apartados de la Comunión. Y así como Job y el Hijo Pródigo, cuando retornamos a nuestro Padre y confesamos nuestros pecados, de inmediato somos purificados de toda maldad y restaurados a la Comunión.

Una de las razones de porqué tantos cristianos viven unas vidas tan derrotadas es que al haber escuchado solamente la parte de la Unión al ser creyentes, únicamente conocen que Dios les ha perdonado sus pecados y que un día estarán con Él cuando mueran, o sean Raptados. Estas personas no se dan cuenda que aun es necesario confesar sus pecados cada vez que pecan para poder permanecer en Comunión con Dios. Y de esa manera, al estar privados de la providencia de Dios, se pueden descorazonar y aun dejar de orar y asistir a la iglesia. Otros creyentes, que tampoco entienden esta relación doble, miran al desastre en que están metidos y piensan que pudieron haber perdido su salvación. Y como el caso de los amigos de Job, buscaron en la Palabra de Dios para encontrar la confirmación de lo que ya creían, y al tomar los versículos fuera de contexto, creen que han encontrado la prueba que necesitan.

La Unión y la Comunión no son ideas solamente del Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, aun cuando Israel era obediente en pensamiento y obras, haciendo lo mejor que podía para complacer a Dios, los sacerdotes aun tenían que sacrificar un cordero sobre el altar cada mañana y cada tarde por los pecados del pueblo. En el Nuevo Testamento, 1 Juan 1:9 es el equivalente de todos esos sacrificios diarios por el pecado. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Esto fue escrito para los creyentes que ya son salvos pero que están en peligro de no estar en Comunión debido a sus pecados.

El Regalo Y La Recompensa

El otro motivo por el que las personas se confunden es que existen dos tipos de beneficios en la eternidad. El primero es el regalo gratuito llamado Salvación, el cual se les otorga a todas aquellas personas que lo piden en fe sin tomar en cuenta ningún mérito, y el cual garantiza nuestro ingreso en el Reino. Efesios 2:8-9 es el modelo, al decir que la salvación es un Regalo de Dios.

El segundo consiste en las recompensas celestiales que podemos ganar por las cosas que hacemos como creyentes aquí en la tierra. Filipenses 3:13-14 son unos buenos versículos para explicar esto. “Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. Además del regalo, hay un premio, o recompensa.

Un regalo es algo que se da producto del amor, sin tomar en cuenta los méritos, y nunca se pide devolverlo. Una recompensa, por el otro lado, es algo a lo que nosotros como personas, calificamos para ganarla. Y si no nos cuidamos podemos perderla (Apocalipsis 3:11). Pablo había recibido el regalo de la salvación, el cual que llevaba consigo. Y ahora él se concentraba en ganar la recompensa también.

En 1 Corintios 9:24-27 él explicó la diferencia en gran detalle. “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible”.

Ningún atleta olímpico quedaba satisfecho con solamente haber calificado para participar en los juegos. Todos querían ganar la corona del vencedor. De la misma manera nosotros no debemos estar satisfechos con solamente haber recibido el Regalo de la salvación. Ahora debemos vivir nuestras vidas como creyentes de tal manera que podamos también ganar la Recompensa.

La Biblia le llama a algunas de estas recompensas coronas, y mientras que la corona del atleta pronto se marchitaba (estaba hecha de ramitas de hiedra), las coronas de los creyentes pueden permanecer para siempre. Vale la pena hacer algunos sacrificios para obtenerlas. Es por eso que Pablo dijo que “golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:27). Estas coronas se identifican como la Corona Incorruptible (de la Victoria) en 1 Corintios 9:25, la Corona del Ganador de Almas en Filipenses 4:1 y 1 Tesalonicenses 2:19, la Corona de Justicia en 2 Timoteo 4:8, la Corona de Vida en Santiago 1:12 y Apocalipsis 2:10, y la Corona Incorruptible de Gloria en 1 Pedro 5:4.

La diferencia entre el Regalo y la Recompensa también la podemos ver en 1 Corintios 3:12-15. “Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”.

En el juicio de los creyentes, la calidad de nuestras obras sobre la tierra será probada por el fuego. Solamente la obra que sobrevive la prueba nos dará la recompensa. Pero debemos observar que aun si todas nuestras obras son destruidas por el fuego, aun tenemos nuestra salvación. ¿Por qué? Porque la Salvación es un regalo gratuito de Dios, dado como una muestra de amor, independiente de cualquier mérito.

El Señor también mencionó otras recompensas. En Mateo 6:19-21 Él nos aconseja, “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”.

Hay ciertas cosas que como creyentes podemos hacer aquí en la tierra que producen esos depósitos en nuestra cuenta celestial. Algunas personas creen que este pasaje se refiere a la forma como utilizamos nuestro dinero. ¿Lo utilizamos para enriquecernos, acumulando riquezas que sobre exceden nuestras necesidades? ¿O lo utilizamos para la obra del Reino? Aquí tenemos una sugerencia. Nuestros diezmos es lo que le debemos a Dios. Es lo que hacemos con el dinero que nos queda lo que en realidad cuenta. Y con la medida que usemos, se nos medirá (Lucas 6:38).

Para resumir, en el Nuevo Testamento tenemos versículos como Efesios 1:13-14 que hablan sobre la Unión. Hay versículos como 1 Juan 1:8-9 que hablan sobre la Comunión. Hay versículos como Efesios 2:8-9 que hablan sobre el Regalo y hay versículos como 1 Corintios 9:24-27 que hablan sobre la Recompensa.

Los versículos que enfatizan el creer, explican la naturaleza permanente de nuestra unión con Dios, y están dirigidos hacia la eternidad. Estos con los versículos de la Unión. Aquellos que involucran la gracia y la fe, son los versículos de las Recompensas. Aquellos que requieren trabajar y están dirigidos hacia la calidad de nuestras vidas sobre la tierra, son versículos de la Comunión, y aquellos que requieren obras e involucran los galardones eternos, son versículos de Recompensas.

Cuando usted mira las Escrituras desde esta perspectiva, todas las contradicciones aparentes desaparecen y usted ya no tendrá que pensar más porqué Dios pareciera decir una cosa en un lado y algo diferente en otro. El asunto se vuelve en algo que se debe de identificar correctamente y es el punto central de algún pasaje en particular que uno está leyendo. Se debe determinar el contexto al leer los versículos que lo rodean, y así poder asignarle una de estas cuatro categorías.

Y Ahora Sobre Hebreos 6

Entonces, ahora sí estamos listos para comentar Hebreos 6:4-6 un pasaje que con frecuencia se cita para oponerse a la doctrina de la Seguridad Eterna. Por favor recuerden que toda esta carta fue dirigida a los creyentes judíos quienes estaban siendo atraídos para seguir guardando la Ley, por lo que el contexto es el Nuevo Testamento vs. el Antiguo. (La razón por la que esta carta se encuentra en la Biblia, es porque este asunto aun se practica hoy en día, solo que ahora abarca tanto a judíos como a gentiles.) En Hebreos 6:1-3 el autor dijo que él ahora pasaba más allá de las enseñanzas elementales relacionadas a la salvación, y en el versículo 9 él confirmó que él ha estado hablando sobre las cosas que acompañan a la salvación. Eso nos dice que los versículos 4-6 no están relacionados con la salvación (Unión) sino a las cosas que la acompañan (Comunión). Sabemos que la idea de que un creyente haga algo que le haga perder de manera irrecuperable su salvación, está en contradicción directa a la clara promesa de que el Espíritu Santo está sellado dentro de nosotros desde el mismo instante de haber creído y hasta nuestra redención.

Entonces, ¿qué es lo que estos creyentes hacen que pueda ser considerado como apartarse? Recordemos que ellos eran judíos que habían probado lo bueno de la palabra de Dios y de los poderes de la era venidera, la Iglesia. A ellos se les estaba advirtiendo de no devolverse al Antiguo Pacto para encontrar los remedios de su constante pecado en los sacrificios diarios.

¿Y qué es lo que les prevenía ser restaurados? El continuar con las prácticas de esos remedios en lugar de simplemente confesar sus pecados. Al hacerlo ellos estaban relegando la muerte del Señor al mismo nivel de la de los dos corderos que se sacrificaban diariamente. La Ley era solamente una sombra de las cosas buenas que venían, y no la realidad en ella misma. Una vez que la Realidad apareció, ya la sombra no era efectiva. ¿Y cuál sería su castigo? La pérdida de la Comunión. Vivir una vida derrotada, sin producir frutos, todas sus obras siendo quemadas en el juicio de 1 Corintios 3. Pero ¿eran aun salvos? ¡Sí!

Entonces, la advertencia en Hebreos 6 es en contra de interrumpir nuestra Comunión con Dios, no el romper nuestra Unión con Él. La clave está en la frase “renueven su arrepentimiento”. Aquellas personas que dependían de los sacrificios diarios en vez de confesar sus pecados directamente a Dios, en realidad estaban volviendo a crucificar al Señor de nuevo, puesto que Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Los sacrificios diarios eran una anticipación de Él, y cuando Él vino la sombra cedió el campo a la realidad. Ya la vieja manera no era suficiente para restaurarlos a la comunión. La aplicación moderna de todo esto es devolverse para depender de nuestras propias obras para mantenernos salvos, en lugar de confiar en Dios Quien es El que nos mantiene.

Puesto que 1 Juan 1:9 dice que la confesión trae el perdón de nuestros pecados y la limpieza de toda maldad (la renovación para arrepentirse de nuevo), entonces, por implicación cualquier otra cosa que nos sea la confesión de nuestros pecados, impide el perdón y la purificación, y causa el alejamiento de Dios. Eso no revoca nuestra salvación, sino que debido a que Dios no puede estar en la presencia del pecado, sí se suspende nuestra relación, privándonos de las bendiciones que de otra forma podríamos recibir.

Hay muchos otros versículos que de manera inequívoca nos prometen la seguridad eterna. Y puesto que la Biblia no se puede contradecir a sí misma y permanecer siendo la Palabra de Dios, el interpretar Hebreos 6 como que tiene que ver con la salvación, está en violación directa de la regla básica de interpretación, la cual enseña que debemos utilizar los versículos más claros para poder interpretar los que parecen ser los más oscuros, y no al revés. Los versículos más claros y de más fácil interpretación sobre la salvación explican que la salvación es por la gracia por medio de la fe.

Cuando las personas dicen que Dios no retira el regalo de la salvación pero que sí se puede apartar de él, no solamente no están tomando en cuenta las promesas y las garantías que Dios nos ha hecho, sino que también han puesto palabras en Su boca. Cuando Él dice en Juan 10:28, “nadie las arrebatará de mi mano”, ellos tendrían que insertar la frase “excepto nosotros” después de la palabra “nadie”.

Es lo mismo con Romanos 8:38-39.

“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.

Aquí ellos tendrían que insertas la frase “excepto nosotros” después de “otra cosa creada”.

Nada de lo anterior tiene la intención de justificar el pecado. Como una demostración de nuestra gratitud por el regalo de la salvación, a los creyentes se les advierte continuamente en las Escrituras, de vivir nuestras vidas de una manera que le agrade a Dios. Y eso no es para ganar o mantener la salvación, sino como un agradecimiento al Señor por habérnosla dado. Y para poder lograr eso, el Espíritu Santo ha llegado a morar en nosotros para guiarnos y dirigirnos, y para orar por nosotros. Y puesto que el Espíritu de Dios mora en nosotros ya no estamos bajo el control de la naturaleza pecaminosa y es así como podemos complacer a Dios por la forma en que vivimos. Y a pesar de que hacemos todo esto por gratitud por el regalo que Él ya nos ha dado, el cual es la Unión con Él, Él nos bendice de nuevo con la Comunión aquí en la tierra y las Recompensas en la eternidad. Selah. 20/12/2008.

 

 

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